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EL SACRAMENTO DEL BAUTISMO


El Bautismo es un Sacramento instituido por Jesucristo y encomendado a la Iglesia, por el que se rinde culto a Dios y se realiza la santificación de los hombres, a través de unos signos y medios que expresan el efecto interior y espiritual que Dios obra en nuestras almas.


Por el Bautismo somos liberados del pecado, regenerados como hijos de Dios, hechos miembros de Cristo, incorporados a la Iglesia y partícipes de su misión.


Por la señal de la Cruz hecha en la frente del que va a ser bautizado, éste queda marcado por Cristo e indica que le va a pertenecer, pues Cristo es quien pagó el precio de su rescate.


El anuncio de la Palabra de Dios ilumina la mente y el corazón de los candidatos y de la asamblea asistente, a la vez que suscita en todos la respuesta de la fe necesaria para recibir este primer sacramento, pórtico de entrada a los demás.


La unción con el Santo Crisma, aceite perfumado y consagrado por el Obispo, significa el don del Espíritu Santo, por el que el nuevo bautizado ha llegado a ser un cristiano, es decir, ungido por el Espíritu Santo e incorporado a Cristo, sacerdote, profeta y rey.

Y la vela encendida significa que Cristo ha iluminado al bautizado y que éste ya puede caminar, por tanto, como hijo de la luz hasta que salga al encuentro del Señor al final de los tiempos, acompañado por todos los Santos.


El bautizado es, desde ese momento, hijo de Dios en el Hijo Único. Puede ya atreverse a dirigirse al Padre con la misma oración que Jesús nos enseñó: el Padre Nuestro.


¿A qué se comprometen los padres cuando piden el Bautismo de un hijo? Dios que es Vida y Amor les da una nueva vida, original y diferente de ellos, y les confía la responsabilidad de ayudarle para hacer de él un hombre o una mujer verdaderamente “humanos”, enseñándole a conocer y vivir como el que es verdadero Dios y verdadero hombre: Jesucristo. Para ello deberán iniciarle en los medios para conseguirlo: la oración y los Sacramentos, a través de los cuales recibimos la gracia, la fuerza, el perdón, en definitiva la Vida de Dios.


Es un compromiso que se adquiere cuando públicamente piden el Bautismo, cuando le hacen la señal de la Cruz en la frente, cuando renuncian al mal y hacen la profesión solemne de fe, cuando llevan al niño a la fuente bautismal y cuando se enciende el cirio y reciben la bendición.

Bautismos


(Apuntarse con el Despacho parroquial)

 

Primer y tercer domingo de cada mes

 16.30 h castellano

17.30 h català

Catequesis de Confirmación


(Apuntarse la segunda quincena de septiembre)

 

Sábados de 11.00 a 12.00 h

 

 

Adultos que no han recibido el Bautismo,

la Confirmación o la Comunión

(Contactar con el Despacho parroquial)

 

Un domingo al mes de 18.30 a 19.30 h

EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIóN


Extracto del Catecismo de la Iglesia católica sobre la CONFIRMACIÓN


Con el Bautismo y la Eucaristía, el sacramento de la Confirmación constituye el conjunto de los "sacramentos de la iniciación cristiana", cuya unidad debe ser salvaguardada. Es preciso, pues, explicar que la recepción de este sacramento es necesaria para la plenitud de la gracia bautismal. En efecto, a los bautizados "el sacramento de la Confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma quedan obligados aún más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras".


Los efectos de la Confirmación


De la celebración se deduce que el efecto del sacramento de la Confirmación es la efusión especial del Espíritu Santo, como fue concedida en otro tiempo a los Apóstoles el día de Pentecostés.


Por este hecho, la Confirmación confiere crecimiento y profundidad a la gracia bautismal:

— nos introduce más profundamente en la filiación divina que nos hace decir "Abbá, Padre";

— nos une más firmemente a Cristo;

— aumenta en nosotros los dones del Espíritu Santo;

— hace más perfecto nuestro vínculo con la Iglesia;

— nos concede una fuerza especial del Espíritu Santo para difundir y defender la fe mediante la palabra y las obras como verdaderos testigos de Cristo, para confesar valientemente el nombre de Cristo y para no sentir jamás vergüenza de la cruz:

«Recuerda, pues, que has recibido el signo espiritual, el Espíritu de sabiduría e inteligencia, el Espíritu de consejo y de fortaleza, el Espíritu de conocimiento y de piedad, el Espíritu de temor santo, y guarda lo que has recibido. Dios Padre te ha marcado con su signo, Cristo Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón la prenda del Espíritu».

La Confirmación, como el Bautismo del que es la plenitud, sólo se da una vez. La Confirmación, en efecto, imprime en el alma una marca espiritual indeleble, el "carácter", que es el signo de que Jesucristo ha marcado al cristiano con el sello de su Espíritu revistiéndolo de la fuerza de lo alto para que sea su testigo.


Quién puede recibir este sacramento


Todo bautizado, aún no confirmado, puede y debe recibir el sacramento de la Confirmación. Puesto que Bautismo, Confirmación y Eucaristía forman una unidad, de ahí se sigue que "los fieles tienen la obligación de recibir este sacramento en tiempo oportuno", porque sin la Confirmación y la Eucaristía, el sacramento del Bautismo es ciertamente válido y eficaz, pero la iniciación cristiana queda incompleta.

La costumbre latina, desde hace siglos, indica "la edad del uso de razón", como punto de referencia para recibir la Confirmación. Sin embargo, en peligro de muerte, se debe confirmar a los niños incluso si no han alcanzado todavía la edad del uso de razón.

Si a veces se habla de la Confirmación como del "sacramento de la madurez cristiana", es preciso, sin embargo, no confundir la edad adulta de la fe con la edad adulta del crecimiento natural, ni olvidar que la gracia bautismal es una gracia de elección gratuita e inmerecida que no necesita una "ratificación" para hacerse efectiva.


La catequesis de la Confirmación


La preparación para la Confirmación debe tener como meta conducir al cristiano a una unión más íntima con Cristo, a una familiaridad más viva con el Espíritu Santo, su acción, sus dones y sus llamadas, a fin de poder asumir mejor las responsabilidades apostólicas de la vida cristiana. Por ello, la catequesis de la Confirmación se esforzará por suscitar el sentido de la pertenencia a la Iglesia de Jesucristo, tanto a la Iglesia universal como a la comunidad parroquial. Esta última tiene una responsabilidad particular en la preparación de los confirmandos.

Para recibir la Confirmación es preciso hallarse en estado de gracia. Conviene recurrir al sacramento de la Penitencia para ser purificado en atención al don del Espíritu Santo. Hay que prepararse con una oración más intensa para recibir con docilidad y disponibilidad la fuerza y las gracias del Espíritu Santo.

Para la Confirmación, como para el Bautismo, conviene que los candidatos busquen la ayuda espiritual de un padrino o de una madrina. Conviene que sea el mismo que para el Bautismo a fin de subrayar la unidad entre los dos sacramentos.

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