10 Milagros Eucarísticos que ponen de manifiesto el valor de la Eucaristía


En todas las partes del mundo donde se celebra la Misa y en todas las épocas, Jesús Sacramentado se ha manifestado de formas extraordinarias. Lo ha hecho ante los ojos admirados de creyentes, descreídos y sacrílegos, para el bien de todas las almas.

¿Cómo? Mediante los denominados milagros Eucarísticos, que ponen de manifiesto cuál es el inmenso valor de la Eucaristía.

En Ella se encarna y toma Cuerpo Jesucristo, cada vez que el sacerdote pronuncia las palabras de la consagración.

De esos milagros Eucarísticos podemos concluir que:

1 – Dios no permite a sus ministros la mínima duda sobre el misterio central de nuestra Fe.

2 – Dios está siempre presente en el Santísimo Sacramento y sólo para ser adorado y para la vida y la salud de las almas.

3 – Dios está en el Santísimo Sacramento donde quiera que Éste se encuentre, sin poder dejar de estar presente.

4 – Se manifiesta en el Santísimo Sacramento a la vez indefenso y con todo su poder.

5 – Toda la creación se rinde ante su Creador y Redentor.

6 – Dios se deja martirizar en el Santísimo Sacramento, con la mansedumbre y la bondad que le son propias, para la conversión de sacrílegos y profanadores.

7 – Dios muestra su rostro y naturaleza en el Santísimo Sacramento.

8 – Dios se manifiesta en el Santísimo Sacramento a todos los hombres de todo el mundo y de todas las épocas.


A continuación recopilamos 10 milagros Eucarísticos que revelan lo expuesto anteriormente.

1) El Milagro Eucarístico de Lanciano

En el siglo VIII, un monje de la Orden de San Basilio. en Lanciano, Italia, estaba experimentando dudas acerca de la presencia real de Jesús en la Eucaristía. En medio de una Misa, mientras decía las palabras de la consagración, vio cómo el pan se transformó en carne humana y la sangre se coaguló en cinco coágulos. Se puede visitar la carne y la sangre milagrosa en la Iglesia de San Francisco de Lanciano, Italia.

Fue sometido al análisis científico del Dr. Odoardo Linoli, jefe de servicio de los Hospitales Reunidos de Arezzo y profesor de anatomía e historia patológica y de química y microscopia clínica; y el Dr. Ruggero Bertelli, profesor emérito de anatomía humana en la Universidad de Siena.

Los resultados de su informe, con fecha 4 de marzo de 1971 son los siguientes:

La carne es verdadera carne.

La sangre es verdadera sangre.

La carne pertenece al tejido muscular del corazón (miocardio, endocardio y nervio vago).

La carne y la sangre son del mismo tipo AB y pertenecen a la especie humana. Es el mismo tipo de sangre encontrado en la Sábana Santa de Turín.

Se trata de carne y sangre de una persona viva, ya que la sangre es la misma que se habría podido tomar ese día de un ser vivo.

En la sangre fueron encontrados, además de las proteínas normales, los siguientes minerales: cloretos, fósforos, magnesio, potasio, sodio y calcio.

La conservación de la carne y la sangre, dejados en estado natural por 12 siglos y expuestos a la acción de agentes atmosféricos y biológicos, permanece un fenómeno extraordinario.

Los científicos dijeron a los monjes: “Es el Verbo hecho Carne”.


2) El Corporal de Bolsena

Jesús había pedido a la beata Juliana de Cornillon (1258) la introducción de la fiesta del “Corpus Christi” en el calendario litúrgico de la Iglesia. El sacerdote Pedro de Praga, de Boemia, celebró una Misa en la cripta de Santa Cristina, en Bolsena, y entonces, ocurrió el milagro: de la hostia consagrada cayeron gotas de sangre sobre el corporal… El Papa Urbano IV (1262-1264), residía en Orvieto y ordenó al obispo Santiago llevar las reliquias de Bolsena a Orvieto. El Papa emitió la Bula Transiturus de mundo, el 11 de agosto de 1264, donde prescribió que el Jueves después de la octava de Pentecostés, sea celebrara la fiesta en honor del Cuerpo del Señor. Santo Tomás de Aquino fue encargado por el papa de componer el Oficio de la celebración. En 1290 fue construída la Catedral de Orvieto, llamada “lirio de las catedrales”.

Actualmente, este corporal se mantiene en exhibición en la catedral de Orvieto.


3) El milagro de Casia

Ocurrió en un pueblo de Italia, Casia, en 1330. Un sacerdote había perdido su respeto por la Eucaristía y ejercía su ministerio sin gusto y por rutina.

Le llamaron para que llevara la comunión a un enfermo. En esa época esto se hacía solemnemente y tocando la campanilla por el camino. El sacerdote, lejos de hacerlo así, colocó además la Hostia consagrada dentro del Breviario para transportarla sin el menor respeto ni delicadeza.

Cuando llegó a casa del enfermo, al abrir el libro, se encontró con dos manchas de sangre, una en cada página entre las que había depositado la Sagrada Forma.

Una de las páginas se conserva en Perugia (con un perfil del rostro de Cristo que se formó después en la mancha) y la otra, con la Hostia adherida, en el Monasterio Agustino de Casia, donde se venera.


4) El milagro de Cimballa

En Cimballa (España), se documenta otro milagro ocurrido en 1370, por el cual, dudando también un sacerdote sobre la presencia real de Jesús en la Eucaristía, sus dudas se despejaron al ver convertirse la forma consagrada en un trozo de Carne que chorreaba Sangre.

Esta Sangre manchó el corporal, el cual se conserva y venera todavía hoy con el nombre de “Santísimo Misterio Dudado”, cada 12 de septiembre, con motivo del aniversario del milagro.


5) El milagro Eucarístico que presenció el Papa Francisco

Uno de los milagros Eucarísticos más recientes tiene como protagonista al Papa. En 1996, el Papa Francisco, entonces Arzobispo de Buenos Aires, fue testigo directo del milagro Eucarístico ocurrido en una Iglesia de la capital bonaerense. Alguien había abandonado una Hostia consagrada, dejándola en un candelabro.

El sacerdote, en lugar de consumirla, decidió colocarla en un recipiente con agua en el Sagrario de la capilla del Santísimo Sacramento, esperando que se disolviera.

Pero pocos días después, la Hostia se había convertido en una sustancia sanguinolenta.

Examinada científicamente, resultó ser una muestra de un corazón humano vivo, sometido a estrés severo (traumatizado o golpeado), que era imposible, científicamente, que se hubiera mantenido en agua conservando sus células con vida. El laboratorio informó además de que la muestra de tejido parecía estar aún con vida, ya que las células se movían o latían como lo harían en un corazón humano vivo.

El cardiólogo forense que la analizó dijo:

«El material analizado es un fragmento del músculo del corazón que se encuentra en la pared del ventrículo izquierdo, cerca de las válvulas. Este músculo es responsable de la contracción del corazón. Hay que tener en cuenta que el ventrículo cardíaco izquierdo bombea sangre a todas las partes del cuerpo. El músculo cardíaco está en una condición inflamatoria y contiene un gran número de células blancas de la sangre. Esto indica que el corazón estaba vivo en el momento en que se tomó la muestra.

Mi argumento es que el corazón estaba vivo, ya que las células blancas de la sangre mueren fuera de un organismo vivo. Él requiere de un organismo vivo para mantenerlo. Por lo tanto, su presencia indica que el corazón estaba vivo cuando se tomó la muestra. Lo que es más, estas células blancas de la sangre habían penetrado el tejido. Lo que indica, además, que el corazón había estado bajo estrés severo, como si el propietario hubiera sido severamente golpeado en el pecho».

Los científicos que hicieron el estudio no sabían que era una Hostia

Se lo dijeron luego de los análisis y quedaron asombrados. Mostraron que la Hostia se había transformado en una parte del ventrículo izquierdo del músculo del corazón, de una persona de aproximadamente 30 años, cuya sangre era del grupo AB y que había sufrido mucho al morir, con seguridad maltratado y golpeado.

Concluyeron que las características de la sangre del milagro de Buenos Aires resultaban coincidentes con las de la sangre de la Sábana Santa de Turín, del Santo Sudario de Oviedo, y de la también Hostia sangrante del milagro de Lanciano (Italia). Además, coinciden en afirmar que:

– las muestras corresponden a la misma persona,

– que nació y vivió en medio oriente,

– que la carne es actualmente un tejido que está vivo a pesar de los años.


6) El milagro Eucarístico a Santa Clara de Asís

En el milagro de Asís (Italia), 1240, Santa Clara, libró a las hermanas de su comunidad, de la amenaza de los soldados sarracenos que habían llegado hasta el claustro del convento, y lo logró alzando frente a los soldados el Santísimo Sacramento, al tiempo que imploraba de Éste el auxilio inminente que necesitaban.

Desde el tabernáculo pudo oírse una voz que decía “Yo te protegeré siempre”, y a la petición de la Santa, de que protegiera también la ciudad, añadió, “tendrá que soportar dificultades, pero será defendida por mi protección”. Fue así como los soldados retrocedieron, abandonando el convento.


7) El milagro Eucarístico a San Juan Bosco

En 1848, Italia, San Juan Bosco estaba celebrando una misa a la que asistían 360 jóvenes, cuando se dio cuenta de que sólo tenía ocho Hostias.

Sin embargo, con ellas pudo dar la Comunión a todos, en una manifiesta y bellísima multiplicación milagrosa en la que Jesús como en el Evangelio, quiere que todos se sacien y en este caso no ya de simple pan, sino de Sí mismo.


8) Los bueyes del milagro de Glotowo

En Glotowo (Polonia), 1290, sucedió que, con motivo de una invasión lituana que destruyó aquel pueblo, un sacerdote escondió en pleno campo, una cajita de plata que contenía una Hostia.

Al cabo de muchos años, un campesino la encontró arando la tierra, al extrañarle que sus bueyes se hubieran detenido, inclinados hacia ese lugar, del que además irradiaba una luz muy potente. Se cuenta que la Hostia fue hallada de nuevo en el mismo lugar, donde todavía se conserva, en señal de que Dios quería que se construyera allí una iglesia. Lo cual nos remite a la misma idea, expresada anteriormente, de que Santo es todo lo que Dios toca, y presente está siempre Dios, allí donde se hace presente, sin que pueda dejar de estarlo.


9) El milagro Eucarístico de Montserrat

El milagro de Montserrat (España) ocurrió en 1657. Una niña encargó en el monasterio tres misas para su padre, para liberarle del purgatorio.

La niña tuvo visiones durante las tres celebraciones eucarísticas, en las que su padre estaba presente, primero envuelto en llamas (las cuales pudieron ver igualmente los monjes, cuando mandaron a la niña que acercara a ellas un pañuelo), después liberado de ellas pero todavía no plenamente purificado y finalmente vestido de blanco subiendo al cielo tras la tercera misa.


10) El milagro Eucarístico de Betania, Venezuela

El 8 de diciembre de 1991, durante la vigilia del día de la Inmaculada Concepción, mientras el padre Otty Ossa celebraba la Santa Misa en la capilla del santuario de Betania, al momento de la Consagración, la Sagrada Hostia comenzó a sangrar. El padre Otty explica lo ocurrido: «Partí la Hostia en cuatro partes. Cuando miré el platillo, no podía creer lo que veían mis ojos: Vi una mancha roja formándose en la Hostia y de ella comenzaba a emanar una sustancia roja, de modo similar a la manera que la sangre sale de una perforación. Después de la Misa, tomé la Hostia y la protegí en el santuario. Al día siguiente, a las seis de la mañana, observé la Hostia y encontré que la sangre era fluida y luego empezó a secarse. Sin embargo, hasta hoy, todavía luce fresca. Asombrosamente, la sangre está solamente por un lado, sin pasar al otro lado a través de la excesivamente delgada Hostia «.

Una muestra del líquido que manó del centro de la Hostia partida fue analizada en laboratorio, comprobándose que es sangre humana. La Hostia se conserva en la localidad de Los Teques, en el convento de las Religiosas Agustinas Recoletas del Corazón de Jesús, donde es expuesta para la adoración de los fieles y es visitada por numerosos peregrinos. Uno de ellos fue el norteamericano Dan Sanford, de New Jersey, que hizo una filmación de la Hostia sangrante en noviembre de 1998. En el vídeo se observa cómo la Hostia partida se convierte en una hoguera que despide llamas de fuego de un color muy intenso, luego se ve como una perforación de punción con palpitaciones de un corazón vivo, de la que se ven fluir como pequeños ríos de sangre.