Ante el tema de la muerte y del dolor se plantean agudos interrogantes que, en ocasiones, no se solucionan positivamente. Se debe recordar que la muerte y el dolor son el salario del pecado, por lo que todo hombre encontrará la muerte. Pero la muerte no es un fin sino el comienzo de la Vida Eterna. 

Este sentido cristiano de la muerte y del dolor se ha perdido bastante en nuestros días. Hay que volver a pensar que esta vida es un paso hacia el destino definitivo. Por eso, la moral no sólo es una moral para vivir bien, sino para morir bien. Hay que volverle a dar el sentido relativo a esta vida, y que sólo hay un absoluto que es la Vida Eterna. Por lo tanto, el dolor y la muerte tienen sentido.

Algunos confunden fácilmente las soluciones ante el dolor, introduciendo el tema de la eutanasia, cuando para el dolor, desde hace mucho tiempo, se tienen los remedios analgésicos (los analgésicos son remedios para calmar o eliminar el dolor).

La analgesia es completamente ética y lícita en el remedio de la enfermedad. No es eutanasia la llamada muerte sin dolor, debida a fármacos que se administran, no con el fin directo de provocar la muerte, sino con objeto de mitigar o suprimir los sufrimientos físicos de la enfermedad o de la agonía.

La eutanasia

«Por eutanasia en sentido verdadero y propio se debe entender una acción o una omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor (...). Es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana (...). Semejante práctica conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio» (Evangelium vitae. n. 65). Esta solución no es lícita jamás. La eutanasia, empleada desde antiguo por los paganos, no es otra cosa que un asesinato encubierto.

Sin entrar en detalles técnicos, podemos considerar los siguientes casos de eutanasia:


Valoración ética

La eutanasia en sentido estricto es gravemente ilícita, porque lleva implícito un homicidio; por tanto, ninguna razón puede legitimar un acto que lleva a suprimir una vida: ni conmiseración, ni humanitarismo, ni aparente piedad. El hombre no es dueño absoluto de su vida. Así lo afirmaba San Juan Pablo II; «Confirmo que la eutanasia es una grave violación de la Ley de Dios, en cuanto eliminación deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana» (Evangelium vitae, n 65).

También el Papa Francisco dijo el 20-II-2014 que "la falta de salud o una minusvalía no son una buena razón para excluir, y aún menos para eliminar a una persona". Y afirmó el 8-IV-2016 que "la eutanasia y el suicidio asistido son graves amenazas para las familias de todo el mundo”. "Del mismo modo, la Iglesia no sólo siente la urgencia de afirmar el derecho a la muerte natural, evitando el ensañamiento terapéutico y la eutanasia, sino también 'rechaza con firmeza la pena de muerte’”.

El principio fundamental que preside toda la ciencia médica y el obrar humano, es el del respeto absoluto a la vida de la persona humana. Un caso muy actual es la llamada «eutanasia por piedad» (que no es otra cosa que la eutanasia activa), que tampoco es ética y que algunos intentan justificar, incluso legalizar.

Pese a todas las razones de tipo sentimental, humano, económico, etcétera, la valoración ética es la misma: la vida humana merece un respeto absoluto y, por tanto, la eutanasia es siempre ilícita. La inclusión del factor piedad no cambia las cosas, porque lo fundamental sigue siendo la eliminación directa de una vida humana, por tanto, un homicidio.

«Vivir es sufrimiento y sobrevivir es encontrar el sentido al sufrimiento», ha dicho el psiquiatra Víctor Frankl. Para el hombre creyente, el sufrimiento tiene sentido. Si es lícito aliviar el dolor de los enfermos o de los moribundos no lo es jamás quitarles la vida, para que no sufran.

Todos los médicos están de acuerdo en este punto: hay que procurar evitar sufrimientos inútiles a los enfermos terminales y, por fortuna, la farmacopea actual dispone de un verdadero arsenal de analgésicos y otros tratamientos del dolor y de la ansiedad, de modo que no tiene sentido justificar la eutanasia por motivo de los sufrimientos. Como dijo con cierta ironía el Dr. Wilke, presidente del Comité Nacional por el Derecho a la vida en EE. UU., «si no le pueden aliviar su dolor, no pida usted la eutanasia, cambie de médico, porque el suyo es incompetente». El dolor no debería ser motivo para solicitar la eutanasia porque, actualmente, se puede combatir con éxito. Con los progresos de la algología (ciencia que trata y combate el dolor humano) se ha llegado a afirmar que la eutanasia constituye una práctica «pasada de moda».

Posicionamiento del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos

También se ha posicionado la CGCOM (Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos), que representa a los médicos colegiados de España y a los 52 Colegios Oficiales. Se ha manifestado en un comunicado, el 25 de mayo de 2018, frontalmente en contra de la legalización de la eutanasia.


Los médicos españoles citan el Código de Deontología Médica para posicionarse sobre este asunto. De este modo, recuerdan que “el médico nunca provocará intencionadamente la muerte de ningún paciente ni siquiera en caso de petición expresa por parte de éste”.

Respeto a la vida humana

“Nos reafirmamos como profesión médica en nuestro compromiso de servicio al ser humano y a la sociedad, así como en el respeto a la vida humana, la dignidad de la persona y el cuidado de su salud”, asegura la CGCOM.

Este posicionamiento tan claro supone un duro golpe a los defensores de la eutanasia, pues supone tener en contra a todo el colectivo médico español.

En el comunicado, y siguiendo con el Código Deontológico, los médicos agregan igualmente que tienen el “deber de intentar la curación o mejoría del paciente siempre que sea posible. Cuando ya no lo sea, permanece la obligación de aplicar las medidas adecuadas para conseguir su bienestar, aun cuando de ello pueda derivarse un acortamiento de la vida”.

Los cuidados paliativos sí urgen

Del mismo modo, la Organización Médica Colegial insiste en que “la principal lealtad del médico es la que debe a su paciente y la salud de éste debe anteponerse a cualquier otra conveniencia”.

Los médicos ni quieren ni piden una ley de eutanasia, pero sí reclaman como algo verdaderamente urgente en España el “acceso universal y equitativo a los cuidados paliativos de calidad en el Sistema Nacional de Salud”. Sobre esto es lo que hay que legislar.

¿Qué son los cuidados paliativos?

Los cuidados paliativos son la atención que se proporciona a personas con enfermedades graves que se encaminan a aliviar el sufrimiento y mejorar la calidad de vida de los pacientes y sus familias, pero que no tiene el objetivo de curar la enfermedad en sí. Este cuidado provee alivio de síntomas, dolor y estrés a pacientes de cualquier edad o con enfermedad en cualquier etapa.

Por lo general, el equipo de cuidados paliativos incluye a un médico y una enfermera especializados en cuidados paliativos, un trabajador social, un guía de pacientes, y quizás una persona que atienda las necesidades espirituales, como un consejero pastoral o un capellán. Este equipo puede atender a los pacientes en unidades de cuidados intensivos, salas de urgencia o unidades de los hospitales, donde se comunican con el paciente y sus familiares para proporcionarles los cuidados paliativos. Y cada vez es más común ofrecer esta atención de manera ambulatoria. La mayor parte de la atención ocurre en el hogar. En su casa, pueden tomar medicinas y utilizar otros métodos recetados por el equipo, o tal vez sus familiares y seres queridos requieran asistencia.

Beneficios de los cuidados paliativos

Los pacientes tienen una mejor calidad de vida, menos dolor, menos dificultad para respirar, menos depresión, etc. Además, la atención médica que se les ofrece tiende a ajustarse mejor con sus valores, metas y preferencias. Sus familias también se sienten más satisfechas.

¿Quién debe recibir los cuidados paliativos?

Cualquier persona diagnosticada con una enfermedad grave debe recibir cuidados paliativos. Las personas con problemas médicos complejos, por ejemplo, alguien con insuficiencia cardiaca, diabetes y cáncer, deben recibir cuidados paliativos.

Josep Gay Bochaca


¿Que dice el Catecismo de la Iglesia  sobre la eutanasia?

 

 

2276    Aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilitada tienen derecho a un respeto especial. Las personas enfermas o disminuidas deben ser atendidas para que lleven una vida tan normal como sea posible.


2277    Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o moribundas. Es moralmente inaceptable.


Por tanto, una acción o una omisión que, de suyo o en la intención, provoca la muerte para suprimir el dolor, constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de la persona humana y al respeto del Dios vivo, su Creador. El error de juicio en el que se puede haber caído de buena fe no cambia la naturaleza de este acto homicida, que se ha de rechazar y excluir siempre (cf. Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, Decl. Iura et bona).


2278    La interrupción de tratamientos médicos onerosos, peligrosos, extraordinarios o desproporcionados a los resultados puede ser legítima. Interrumpir estos tratamientos es rechazar el “encarnizamiento terapéutico”. Con esto no se pretende provocar la muerte; se acepta no poder impedirla. Las decisiones deben ser tomadas por el paciente, si para ello tiene competencia y capacidad o si no por los que tienen los derechos legales, respetando siempre la voluntad razonable y los intereses legítimos del paciente.


2279    Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítimamente interrumpidos. El uso de analgésicos para aliviar los sufrimientos del moribundo, incluso con riesgo de abreviar sus días, puede ser moralmente conforme a la dignidad humana si la muerte no es pretendida, ni como fin ni como medio, sino solamente prevista y tolerada como inevitable. Los cuidados paliativos constituyen una forma privilegiada de la caridad desinteresada. Por esta razón deben ser alentados.